Trazos para la experimentación etnográfica
- lmelendezg
- 2 ene
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Actualizado: 3 ene
El foro “Vocabulario para la experimentación etnográfica”, en la plataforma web de la Society for Cultural Anthropology, y coordinado por Adolfo Estalella, Tomás Criado y Francisco Martínez, reúne sugerentes contribuciones en las que diversos autores hispanohablantes esbozan lo que podría entenderse como trazos—iniciales, abiertos y siempre en proceso—para una experimentación etnográfica contemporánea.
Desde un inicio, los coordinadores del foro aclaran que la experimentación etnográfica se concibe “como el diseño de situaciones, dispositivos y colaboraciones que refiguran nuestras relaciones con lo empírico y lo analítico mediante prototipados, mediaciones materiales y modos performativos de indagación”. La experimentación parte de la premisa de que el encuentro etnográfico no tiene una forma preconcebida, sino que puede—y debe—ser diseñado de múltiples maneras.
La antropología, recuerdan los coordinadores, ha sido históricamente una disciplina que concibe su producción de conocimiento fundamentalmente en términos observacionales. En esa línea, la experimentación invita a reconfigurar nuestras formas de relacionarnos con los interlocutores y con el mundo que observamos en el trabajo de campo, al tiempo que abre la posibilidad de ensayar otros modos de elaboración teórica y de escritura etnográfica. Por ejemplo, contribuciones como la de Isaac Marrero-Guillamón reorientan la experimentación hacia la “coproducción” del conocimiento, enfatizando prácticas como la co-escritura o la puesta en escena. Su propuesta de crear ficciones especulativas o ejercicios de co-fabulación desplaza a los llamados “informantes” desde la posición de “objetos de estudio” hacia la de “sujetos de enunciación”, capaces de producir narrativas propias y de intervenir activamente en la construcción del conocimiento etnográfico.
La experimentación etnográfica cuestiona las formas y normas institucionalizadas de la disciplina. Roger Canals señala que la investigación antropológica suele describirse como un proceso lineal compuesto por cuatro etapas sucesivas: “(1) la formulación de preguntas de investigación o hipótesis de trabajo; (2) el trabajo de campo etnográfico, basado en la recolección de datos; (3) el análisis de estos datos a partir de las hipótesis iniciales y de una selección de modelos teóricos existentes; y (4) la redacción y publicación de los resultados de investigación en libros y artículos a través de circuitos especializados”. Sin embargo, Canals advierte que los proyectos etnográficos rara vez se ajustan a esta secuencia ordenada. Frente a ello, propone pensar la experimentación como una forma de desestabilizar ese esquema y de reconocer la naturaleza no lineal y cambiante del trabajo antropológico.
Desarrollando su argumento, Canals cuestiona también la centralidad del “libro etnográfico” como formato privilegiado para la presentación de los resultados de investigación. Él propone en su lugar una práctica etnográfica orientada a lo que denomina un “ensamblaje ecléctico”: una constelación de resultados heterogéneos, producidos en distintos momentos del proceso de investigación y dirigidos a públicos diversos. Dentro de este marco, Canals presenta el “boceto etnográfico” como un formato posible: un texto incompleto, provisional y especulativo que funciona como espacio de experimentación, transparencia y libertad creativa. Siguiendo esta misma lógica, Santiago Orrego identifica en el “zine etnográfico”—inspirado en el formato del fanzine—una vía para producir conocimiento desde lo fragmentario, lo inacabado y lo personal, desplazando la centralidad de la obra cerrada y definitiva.
La experimentación etnográfica implica “hacer las cosas de otra forma” al momento de “fabricar relaciones y repensar cómo nos relacionamos con el mundo” (Francisco Martínez). Supone, además, una reflexión sobre cómo lo imaginamos y lo hacemos sensible. Mariana Rivera propone una manera alternativa de entender esa imaginación antropológica, concibiendo la etnografía en términos de “evocación” más que de “representación”. Según su argumento, mientras la representación presupone una distancia jerárquica entre quien representa y quien es representado, la evocación busca generar un espacio sensorial y afectivo compartido, desplazando el énfasis del producto final hacia el proceso relacional y dialógico que supone el encuentro etnográfico.
Tal como argumenta Roger Sansi, los proyectos de experimentación etnográfica “serán colaborativos o no serán”. La “colaboración experimental” implica una relación inventiva y abierta, en la que el investigador se involucra con actores portadores de saberes, habilidades y formas de agencia diversas. Esta relación diluye la frontera entre quien investiga y aquello que es investigado, en lo que Sansi describe como un intento de “diluir la antropología en la vida”. En este ejercicio dialógico, el acto central del trabajo de campo deja de ser la documentación o la interpretación, para convertirse no solo en evocación—como diría Mariana Rivera—sino también en un ejercicio de “hacer dudar”, donde la incertidumbre constituye el fundamento para la colaboración etnográfica (Farías, Marlow y Wall).
La diversidad de arreglos que emergen de estas prácticas experimentales lleva a Adolfo Estalella y Tomás Criado a sostener que resulta difícil establecer un “método” único para la experimentación etnográfica. Cada experiencia es singular, situada y responde a las condiciones específicas del trabajo de campo. En lugar de un protocolo generalizable, ellos proponen “inventariar”. En este marco, presentan el proyecto xcol. An Ethnographic Inventory como un repositorio de experiencias que, más que ofrecer diseños replicables, funciona como una fuente de inspiración para imaginar nuevas formas de experimentación etnográfica.
En sintonía con los artículos que componen el foro, el Proyecto Reensamblando la Antropología busca identificar formas de experimentación que emergen no tanto de la innovación metodológica deliveradamente diseñada, sino de la necesidad, la precariedad y las condiciones materiales que atraviesan la investigación en las periferias académicas. Se trata de prácticas que suelen permanecer invisibilizadas, pero que constituyen el núcleo de muchas trayectorias etnográficas en el Sur Global. Son modos de experimentación que no nacen del imperativo creativo, sino de la urgencia por sostener el trabajo intelectual en contextos marcados por la escasez. En este sentido, las entrevistas iniciales a Pavél Aguilar y Ginno Martínez—incluidas en la sección Conversaciones del sitio web del proyecto—iluminan algunas dinámicas emergentes en ese horizonte experimental. A través de sus testimonios, muestran cómo algunos antropólogos peruanos convierten sus propias experiencias laborales y profesionales (fuera de la academia), en insumos analíticos y etnográficos valiosos como una forma de gestionar recursos y tiempo ante la precariedad académica para la investigación.
Esos testimonios develan formas de experimentación—que podríamos llamar “experimentación subterránea”, en tanto emergen desde los márgenes y suelen quedar ocultos en los resultados finales de la investigación—que implican una reinvención de la práctica etnográfica. En ellas, la posición del “investigador de campo” se entrelaza con trayectorias profesionales y posicionalidades previas, dando lugar a nuevas sensibilidades analíticas y a modos distintos de relacionarse con los interlocutores. Al mismo tiempo, estas experiencias desafían la linealidad del proceso investigativo tal como lo describe Canals, pues en muchos casos el núcleo de la experiencia de campo antecede a la formulación explícita de las preguntas de investigación. En otros, el análisis inicial se produce en espacios y formatos no académicos—como informes técnicos o reportes de consultoría—que luego se articulan con formatos más convencionales de producción etnográfica, conformando así un “ensamblaje ecléctico” de saberes, tiempos y registros.
Como señalan Candela Morado y Isabel Gutiérrez, toda experimentación etnográfica conlleva una innovación ética. No se trata únicamente de transformar los modos de producción del conocimiento, sino de repensar las relaciones, responsabilidades y compromisos que se tejen entre quienes participan en el proceso investigativo. En particular, la experimentación subterránea que emerge en contextos de precariedad académica obliga a interrogar los marcos éticos institucionales que suelen regular la investigación, abriendo la posibilidad de imaginar formas más situadas, reflexivas y críticas de hacer antropología.
Luis Meléndez
Referencias Estalella, Adolfo, Tomás Criado, and Francisco Martínez (2025). "Vocabulario para la experimentación etnográfica." Theorizing the Contemporary, Fieldsights, October 23. https://www.culanth.org/fieldsights/series/vocabulario-para-la-experimentacion-etnografica


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